Copas. Colocación y uso en la mesa.
Si vemos la evolución histórica de la copa, nos encontramos con que, en Roma, los Patricios eran los únicos que bebían en vidrio y que su uso no se generaliza en Europa hasta el siglo XVIII.
Todos los especialistas en vino están de acuerdo en decir que su sabor se ve afectado según el recipiente en el que se guarda, pero también en el que se bebe; un hombre que se percató de la importancia de este detalle fue Claus Josef Riedel, que ofrece unas de las cristalerías más famosas en el mundo y que ya va por la 11ª generación de cristaleros.
Así las cosas, nos encontramos con que prácticamente existe una copa para cada tipo de bebida: copa de agua, copa de vino tinto, copa de vino rosado, copa de vino blanco, copa de jerez, copa de cava, copa de coñac, copa de cerveza…
A la hora de elegir un diseño adecuado, es conveniente optar, fundamentalmente por la transparencia, pues las cristalerías de color no permiten apreciar el cuerpo y tonalidad de los vinos. Si, a pesar de todo, nos gustan las cristalerías de colores, podemos utilizar cristal de color en las copas o vasos de agua, aunque no es conveniente mezclar diferentes tipos de cristalería en la mesa, por motivos estéticos.
Cuando, por fin, llevamos la copa a la mesa ¿dónde la colocamos? Las copas se van situando detrás del plato, más o menos desde la mitad del mismo, y hacia la derecha del comensal, en horizontal, en diagonal o haciendo una ligera curvatura hacia dentro, hasta un máximo de cuatro copas a la vez y únicamente las que se vayan a utilizar que, normalmente, coinciden (por orden) con las de agua, vino blanco, vino tinto y cava. Con respecto a la copa de cava y su colocación, la norma más extendida indica que cuando se coloca al principio, no debe estar entre el resto, sino detrás de ellas, mientras que cuando se coloca en el momento de servir el postre, se ubica a continuación del resto de copas del servicio.
Las bebidas se sirven por la derecha y cada vez que se abre una botella nueva de vino, se puede ofrecer la posibilidad de cambiar la copa.
Como los licores no se sirven hasta el postre, sus copas no llegarán a la mesa hasta este momento, retirándose las copas de vino solo cuando el comensal indique que quiere licor pues, de no indicarlo la copa de vino permanece en la mesa durante el postre.
Las normas sobre el uso de las copas señalan que, en la mesa, se cogen por su barriga y en los cócteles de pie, aunque las cojamos por su barriga al beber, mientras no bebemos de ellas, las sostenemos con nuestras manos por el pie. No se bebe con la boca llena y antes de llevarnos la cristalería a la boca nos limpiaremos con la servilleta para no dejar ningún rastro de comida en el cristal (recordamos que, después de beber también nos limpiaremos con la servilleta, para evitar que lleguemos gotear el líquido que nos pudiese quedar en los labios). Se bebe a pequeños sorbos, mientras nuestra mirada se dirige al fondo de nuestra copa o vaso. La cantidad de líquido que las copas de agua y vino deben contener es menos de la mitad del recipiente, es decir, no se llenan.
El brindis
La bebida también sirve para que el anfitrión/a o invitado/a de honor (normalmente) deseen lo mejor al resto de comensales a través del brindis, que consiste en la dedicación de unas breves palabras con los mejores deseos al resto de comensales y que, salvo actos muy formales con asistencia de prensa, se realiza tras los postres, coincidiendo con la llegada a la mesa del cava/champagne. El brindis se compone de las palabras que se dicen en este momento y por la acción de levantar la copa a la altura de los ojos mientras se dirige la mirada al resto de comensales y estos devuelven el gesto y mirada a la persona que les está realizando el brindis. A pesar de que es muy habitual y existe divergencia doctrinal con respecto a chocar las copas entre sí, no es muy recomendable porque está claro que las cristalerías más finas sufren el riesgo de romperse en el choque si se calculan mal las fuerzas, pero históricamente este gesto servía para facilitar la mezcla de líquidos de las copas y así demostrar que no contenían sustancias venenosas; en lo que todos los autores están de acuerdo es en considerar no correcto el hecho de decir chin-chin.
En cualquier caso, el estado de conservación y limpieza de la cristalería, al igual que el resto de elementos de la mesa, ha de ser exquisitamente impecable.
En el próximo artículo hablaremos sobre los elementos de decoraciónde la mesa.
Margarita Murillo
Directora de Galicia Protocolo
www.galiciaprotocolo.com

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